La Facultad de Ciencias de la Educación de CEF.- UDIMA, a través del Centro de Estudios Lingüísticos, ha celebrado las IV Jornadas del Día Europeo de las Lenguas, una cita que ha vuelto a convertir el estudio y la enseñanza de los idiomas en un espacio desde el que mirar al pasado, comprender cómo conviven las lenguas en el presente y preguntarse hacia dónde pueden dirigirse en el futuro.
Bajo el lema «Tradición e innovación lingüística», la cuarta edición ha reunido diferentes perspectivas sobre la enseñanza y el aprendizaje de lenguas a partir de tres grandes líneas: patrimonio y diversidad lingüística; repertorios plurilingües y contacto de lenguas; e innovación tecnológica aplicada a la enseñanza de idiomas. Una propuesta seguida por 220 personas inscritas, tanto de manera presencial como a través de la retransmisión online.
Ese recorrido entre pasado, presente y futuro apareció ya en la apertura. Aurora Centellas Rodrigo, vicedecana y directora del Centro de Estudios Lingüísticos de CEF.- UDIMA, recordó que las lenguas no son únicamente instrumentos para comunicarnos, sino también «herramientas para la inclusión, la movilidad, el acceso a otras culturas y para la construcción de oportunidades».
Los tres ejes elegidos para esta edición responden, de hecho, a un mismo recorrido que Centellas resumió en tres preguntas: «¿De dónde vienen nuestras lenguas? ¿Cómo conviven hoy y hacia dónde pueden dirigirse mañana?». Preguntas para las que, defendió, son necesarios espacios en los que escuchar, compartir experiencias, cuestionar algunas certezas y continuar aprendiendo.
Leticia Santana Negrín, coordinadora de la jornada y profesora de CEF.- UDIMA, llevó esa reflexión hasta el propio lema de esta cuarta edición. Tradición e innovación pueden parecer conceptos enfrentados, pero la lengua demuestra hasta qué punto ambos forman parte de un mismo proceso. «La tradición es aquello que se pone en manos de otra persona. Innovar, por su parte, es hacer nuevo lo que ya existía. Así que eso es justamente lo que hacemos con la lengua: la recibimos, la habitamos, la renovamos al usarla y la entregamos», explicó.
Esa transmisión tampoco entiende de fronteras. «Las lenguas no entienden de aduanas: pasan de una generación a otra, pero también de una orilla a otra con quienes las hablan», añadió Santana. De ahí una de las ideas que CEF.- UDIMA viene defendiendo desde las primeras ediciones de estas jornadas: «El Día Europeo de las Lenguas no es el día de las lenguas de Europa. Es el día de todas las lenguas que viven en el continente», sean mayoritarias o minoritarias y sea su modalidad oral, escrita, signada o incluso silbada.
Entender esa diversidad implica mirar no solo a las lenguas, sino también a las personas que las utilizan y a todos los recursos de los que se sirven para comunicarse. Sobre esa idea se construyó el primer bloque de la mañana, presentado por Eduardo de Ágreda, con tres aproximaciones diferentes a una misma realidad: las lenguas conviven, se influyen y adquieren sentido dentro de comunidades concretas.
Carlos E. Segade, de CEF.- UDIMA, abrió el debate con «Translingüismo: una propuesta real para las lenguas minoritarias», una reflexión sobre las posibilidades del translingüismo para superar algunas de las fronteras que tradicionalmente se establecen entre idiomas y abrir espacios a aquellas lenguas que ocupan posiciones minoritarias.
La reflexión sobre los repertorios lingüísticos adquirió después una dimensión corporal. Núria Hernández, de CEF.- UDIMA, profundizó en ella a través de «Construcción de cuerpos colectivos desde el repertorio movimiento en contextos plurilingües», incorporando el movimiento al análisis de cómo construimos y compartimos significados. El cuerpo aparece así no como un elemento ajeno a la lengua, sino como otra parte de nuestra manera de comunicarnos, también condicionada por los contextos sociales y culturales en los que aprendemos.
Una perspectiva diferente llegó de la mano de Xiaoling Wang, de la Universidad Complutense de Madrid, con «Cuando la gramática cambia: gramaticalización, lexicalización y enseñanza del chino». Las particularidades de esta lengua sirvieron para acercarse a los procesos por los que las estructuras lingüísticas evolucionan y a las implicaciones que esos cambios tienen cuando llega el momento de enseñarlas.
Las tres miradas ampliaron así la propia noción de plurilingüismo. Hablar de convivencia entre lenguas no significa únicamente pensar en varios idiomas compartiendo un mismo espacio, sino también en hablantes capaces de combinar conocimientos, gestos, movimientos y recursos lingüísticos diferentes para construir sus propios repertorios comunicativos.
La relación entre lengua, patrimonio y transmisión permitió ampliar esa mirada en el segundo bloque de comunicaciones, presentado por Elena Extramiana y Aarón Pérez. Y lo hizo desde dos manifestaciones aparentemente alejadas entre sí —el silbo y la literatura— que comparten una misma cuestión de fondo: cómo mantener vivo un patrimonio cuando pasa de unas generaciones a otras.
El silbo gomero aportó uno de los ejemplos más singulares de la jornada. Eugenio Darias Darias, vicepresidente de la Asociación Cultural Silbo Gomero, y José Molina González, miembro de la misma asociación, acercaron al público «El silbo gomero, tradición y salvaguarda». Esta forma de comunicación, capaz de trasladar el español mediante silbidos, permitió hablar de una práctica transmitida durante generaciones y estrechamente ligada al paisaje, la cultura y la identidad de La Gomera.
El silbo obliga además a ampliar la propia idea de lo que entendemos por comunicación y conecta directamente con una de las premisas planteadas al comienzo de las jornadas: las lenguas que viven en Europa no se expresan únicamente de forma oral o escrita, sino también mediante otras modalidades que forman parte de su riqueza lingüística y cultural.
De un patrimonio transmitido a través del sonido se pasó a otro conservado a través de las palabras. Pedro Cubria, profesor de ELE y alumni de CEF.- UDIMA, presentó «Patrimonio literario en el aula: explotación de Como agua para chocolate en la enseñanza de ELE», tomando la obra de Laura Esquivel como punto de partida para mostrar las posibilidades de la literatura dentro del aprendizaje del español.
La obra literaria deja entonces de ser únicamente un texto que leer para convertirse en una puerta de entrada a referentes culturales, usos lingüísticos y realidades sociales. Una forma de llevar el patrimonio al aula que permite trabajar la lengua dentro del contexto que le da significado y hacer de la literatura una herramienta más dentro de la experiencia de aprendizaje.
Ese diálogo entre tradición e innovación encontró una expresión especialmente clara en las dos últimas intervenciones. Si las anteriores habían mostrado distintas formas de recibir, conservar y transmitir una herencia lingüística, las siguientes pusieron la mirada en las herramientas con las que hoy podemos enseñar y aprender lenguas.
Shannon K. Jones, de CEF.- UDIMA, abordó esta cuestión en «Más allá del libro de texto: tecnología e IA para crear experiencias reales de aprendizaje de lenguas». El propio título condensaba una de las ideas centrales de su intervención: reconocer el valor del manual sin convertirlo en la frontera de todo lo que puede ocurrir dentro del proceso educativo.
La entrada de la inteligencia artificial amplía ese horizonte, pero también obliga a preguntarse con qué propósito se utiliza. Más que incorporar tecnología por el simple hecho de hacerlo, la cuestión pasa por identificar qué puede aportar a profesores y estudiantes y bajo qué criterios tiene sentido integrarla en la enseñanza. En ese contexto surgieron también tres preguntas con las que orientar el uso de la IA en el aula, trasladando el debate desde la herramienta hacia las decisiones pedagógicas que hay detrás de ella.
La última mirada llegó de la mano de Diana Velázquez, profesora de español en St. Louis University, con «Pronunciación y tecnología en el aula de ELE». Su intervención llevó la innovación a uno de los terrenos más concretos —y en ocasiones más intimidantes para el estudiante— del aprendizaje de una lengua: atreverse a pronunciarla, escucharse y corregirse.
Las herramientas digitales abren en este terreno nuevas posibilidades para practicar y experimentar sin que el error tenga que convertirse en una barrera. Leticia Santana recuperaría después esa idea durante la clausura con una expresión que resume bien el cambio de perspectiva propuesto: pasar «de la intimidación a la experimentación», aunque el proceso se haga, como había señalado la propia Velázquez, «en modo tortuguita».
Al llegar al final, las siete comunicaciones habían recorrido escenarios muy diferentes, pero las preguntas que dejaban sobre la mesa terminaban encontrándose. Los prejuicios sociales alrededor de las lenguas, la dimensión cultural del cuerpo, la convivencia entre repertorios lingüísticos, la conservación del patrimonio, la literatura como herramienta docente o las posibilidades de la inteligencia artificial y la tecnología hablan, en último término, de cómo nos relacionamos con las lenguas y de qué hacemos con ellas cuando las enseñamos y las aprendemos.
Leticia Santana reunió buena parte de esas ideas durante la clausura. «Confiamos en que esta jornada haya sido revulsiva, que nos ayude a pensar sobre los prejuicios sociales en torno a las lenguas, también en cómo el cuerpo está condicionado culturalmente y en su importancia en los entornos de enseñanza y aprendizaje», señaló.
Su balance permitió conectar además las distintas miradas de la mañana: desde el patrimonio y la literatura hasta la inteligencia artificial y la pronunciación. «También se ha puesto sobre la mesa que el libro de texto no puede ser el límite de la experiencia de aprendizaje, a pesar de su innegable valor», recordó Santana, antes de destacar las tres preguntas propuestas para orientar el uso de la IA y las posibilidades que abre la tecnología para trabajar la pronunciación.
La coordinadora recuperó entonces la imagen con la que había comenzado su intervención horas antes, inspirada en una columna de Rosa Montero: la de quienes pedalean para generar algo de luz incluso cuando el contexto invita al desconsuelo. «Pedalear en solitario para iluminar la oscuridad cansa, y cansa con razón. Pero somos muchas las personas pedaleando a la vez y cada aula en la que alguien enseña o aprende una lengua es otra luz que se enciende», expresó.
Después de una mañana dedicada precisamente a compartir experiencias y abrir nuevas preguntas, la metáfora encontraba así una respuesta: «Después de estas horas salimos con un poquito más de luz y con bastantes ideas para llevar a nuestras aulas».
Santana agradeció además la participación de las 220 personas inscritas que siguieron las jornadas desde la sala y al otro lado de la pantalla, así como el apoyo del decano, Julián Roa, del equipo de audiovisuales de la universidad, de los departamentos y servicios implicados y del equipo organizador que ha trabajado en esta cuarta edición.
Aurora Centellas llevó las últimas palabras de la jornada de nuevo hasta el punto de partida. «Espero que hayáis conectado con esas dos perspectivas de las que hoy partíamos, que son la tradición y la innovación», señaló antes de detenerse en una idea que había atravesado las distintas intervenciones de la mañana: una lengua se conserva precisamente porque continúa utilizándose y transformándose.
«Las lenguas están vivas porque las hablamos, están vivas porque las aprendemos, porque las enseñamos, porque cambian con nosotros, pero también viajan, se encuentran, se mezclan, conviven y se transforman», añadió.
Centellas cerró la jornada con una invitación a salir de ella «con ideas, con preguntas y con ganas de seguir aprendiendo» y emplazó a los asistentes a reencontrarse en la quinta edición el próximo año.
Porque, como había recordado ella misma al comienzo de la mañana, «las lenguas tienen pasado, tienen presente y, sobre todo, tienen futuro». Un futuro que también construyen quienes las investigan, las enseñan, las aprenden y las utilizan cada día.
Todo lo abordado durante la jornada tiene también continuidad en la oferta académica de CEF.- UDIMA. Eduardo de Ágreda, que presentó el primer bloque de comunicaciones, coordina el Máster Universitario en Enseñanza del Español como Lengua Extranjera, reconocido recientemente con el segundo puesto en Educación en Enseñanza de Idiomas en el Ranking de Mejores Másteres Online 2026 de El Mundo. El programa lleva esa conexión entre aprendizaje, innovación y práctica a la formación de sus estudiantes a través de iniciativas como Aprende Español con Telegram, que les permite enseñar español a alumnado internacional en un entorno virtual real, y de una red de prácticas que supera los 100 centros, entre ellos sedes del Instituto Cervantes y escuelas de FEDELE.