Hospitalización infantil: humanizar la atención sanitaria también significa cuidar la salud emocional de toda la familia
Esta semana se ha conmemorado el Día del Niño Hospitalizado, celebrado cada 13 de mayo, una fecha que busca sensibilizar sobre las necesidades emocionales y asistenciales de los menores ingresados y recordar la importancia de ofrecerles un entorno cercano, amable y adaptado a su bienestar durante la estancia hospitalaria.
En este contexto, investigadoras del grupo educativo CEF.- UDIMA ponen el foco en una realidad que muchas veces pasa desapercibida: el impacto psicológico que la enfermedad pediátrica tiene también sobre los hermanos de los menores hospitalizados y sobre el conjunto de la familia.
Detrás de cada proceso de enfermedad infantil hay experiencias de adaptación, miedo e incertidumbre que afectan no solo al menor, sino también a su entorno más cercano. La reorganización familiar, los cambios de rutinas y la carga emocional del proceso generan dinámicas que, en muchos casos, quedan en un segundo plano dentro de la atención sanitaria.
La doctora María Cantero-García, investigadora y profesora de CEF.- UDIMA, explica que “un niño hospitalizado no necesita únicamente tratamientos eficaces; necesita seguir sintiéndose niño, mantener vínculos, rutinas, espacios de juego y sentirse acompañado emocionalmente durante todo el proceso”.
Además, subraya que “la hospitalización infantil transforma profundamente la vida familiar y requiere un acompañamiento que tenga en cuenta tanto el sufrimiento visible como el que permanece en silencio”.
El sufrimiento emocional de los hermanos
El equipo de investigadoras de CEF.- UDIMA formado por Mercedes Yuste Segarra, María Rueda-Extremera, Cristina Santiago-Gónzalez y María Cantero-García ha publicado en la revista científica Death Studies bajo el título “Grieving in the shadows: A systematic review of invisible losses in siblings of pediatric cancer patients” que pone de manifiesto cómo el cáncer pediátrico altera profundamente las dinámicas familiares y concentra gran parte de los recursos emocionales y asistenciales en el menor enfermo.
Mientras tanto, los hermanos sanos pueden experimentar pérdidas simbólicas relacionadas con la atención parental, la normalidad familiar o su propio espacio emocional.
“Los hermanos también atraviesan un proceso de duelo, aunque muchas veces nadie lo identifica como tal”, señala María Cantero-García. “Con frecuencia sienten miedo, culpa, soledad o necesidad de ocultar sus emociones para no añadir más dolor a la familia. Son niños que también necesitan ser escuchados y acompañados”.
La importancia del apoyo emocional y familiar
El estudio, desarrollado a través de una revisión sistemática internacional siguiendo los criterios PRISMA 2020, recoge evidencias de distintos países sobre ansiedad, estrés emocional, sentimientos de exclusión y dificultades psicológicas en hermanos de pacientes oncológicos pediátricos.
Las investigadoras destacan que la validación emocional, la comunicación familiar abierta y el apoyo psicosocial temprano son elementos clave para reducir el impacto emocional y favorecer el bienestar familiar durante el proceso de enfermedad.
Para María Cantero-García, “humanizar la atención pediátrica implica comprender que cuando un niño enferma, toda la familia necesita sostén emocional. Cuidar al niño hospitalizado también significa cuidar de quienes viven el proceso junto a él”.
Las autoras subrayan además la necesidad de avanzar hacia modelos de atención sanitaria más integrales, donde la psicooncología pediátrica contemple de manera explícita a los hermanos y favorezca espacios de intervención emocional y acompañamiento familiar.
Coincidiendo con la reciente conmemoración del Día del Niño Hospitalizado, las investigadoras recuerdan que humanizar la atención sanitaria no solo implica cuidar al menor enfermo, sino también acompañar emocionalmente a quienes viven la enfermedad junto a él.
